
He mencionado ya el respeto y la reverencia que las tradiciones antiguas de América mantenían hacia los 4 elementos fundamentales: la Tierra, el Agua, el Fuego y el Aire. Este respeto estaba basado en una consideración fundamental: nuestros antepasados estaban conscientes de la estrecha relación y dependencia que guarda la vida del hombre con estos 4 elementos. Para explicármelo de una manera sencilla, Popocateptl, un joven chamán con quien comparto una vieja amistad desde principios de los años 90, me contaba cierto día: "para nuestros abuelos indios, había sólo 4 cosas a los que ellos se permitían aplicar el calificativo de "necesarias": la tierra, el fuego, el aire y el agua.
Quita uno solo de esos 4 elementos y la vida misma del ser humano deja de ser posible. Ahí tienes una razón sencilla por la que es importante guardar el inmenso respeto que guardamos para con estos 4 abuelos: ellos son los dadores de la vida, la vida proviene de ellos y nosotros simplemente - como nuestros viejos - hemos aprendido a agradecer constantemente ese regalo".
Son cuatro elementos, y el cuatro, como advierte Germán Rodríguez, representa la constitución material de nuestro universo, pues la materia (mater = madre) está formada por 4 elementos.
Tenemos en primer lugar a la Tierra, que es lo que confiere solidez, lo que da estabilidad, endurece y aísla, tanto en la dimensión de lo físico, lo psíquico y también en lo espiritual. A semejanza de la Tierra, las madres (humanas y animales) poseen la capacidad de convertir su propio cuerpo en alimento para sus hijos. En la tierra yacen los huesos y la carne de nuestros antepasados, y como estamos hechos de Tierra, nuestros antepasados viven también en nosotros. "En el vientre paciente y fructífero de nuestra Madre, la Tierra, se esconden los embriones de plantas y hombres", dice Ohiyesa. Y la tierra es, además, legítima dadora de conocimiento, pues - como todos los demás elementos - "ha estado aquí mucho antes del aparecimiento del alma humana, y como es más vieja, posee una experiencia mucho mayor que la del hombre".
En segundo lugar está el Agua, que tiene el poder de unir, amalgamar y también el de disolver. Que enseña fluidez y también adaptabilidad, es decir, la capacidad plástica de tomar cualquier forma . El Agua que nos enseña a ser transparentes, que es símbolo de vida y generación, que limpia y purifica. Todavía hoy en día, muchas ceremonias indígenas en nuestro continente, empiezan con un lavatorio ritual.Benito Vidal, en sus Historias Mágicas de los indios de Norteamérica, describe una bella tradición piel roja donde se puede apreciar la vital presencia de este elemento para estos pueblos:
"Todos los días, el indio piel roja descendía a las riberas del río que generalmente estaba muy cerca de su poblado o campamento. En él se purificaba bañándose, acto con que higienizaba tanto su cuerpo como su alma. Después, una vez cumplido este rito socio religioso, quedaba en paz, en silencio, apartado del bullicio de la tribu, en éxtasis y meditando. Normalmente acudía sólo al río. Y si le acompañaba alguno de su clan o de su propia familia, o su propia esposa, jamás debían llegar juntos a las aguas, porque cada alma debía permanecer sola en su comunión matinal con el sol y la tierra, perfumada y regenerada el alma por el gran silencio de la noche."
Está en tercer lugar el Aire, que es lo que expande, difunde y relaciona. Está presente en el aliento del hombre y del animal, ese aliento por el cual - relatan muchas de las tradiciones religiosas de la Tierra - el Creador infunde vida en sus criaturas. El Aire es, por tanto, señal inequívoca de la presencia de la vida en el hombre, y cuando la vida lo abandona, se extingue también la presencia del Aire, del aliento. Además, el Aire es el vehículo de la luz.
Y finalmente está el Fuego, lo que dinamiza, transforma y libera. "El fuego que está siempre relacionado con el concepto de purificación, energía primaria, vida, calor, civilización (en el sentido más amplio de Conocimiento Superior)".
El Fuego que es el Sol mismo y que preside desde el centro muchos de los círculos ceremoniales y rituales nocturnos de nuestros pueblos. El Fuego que, como me lo dejaba ver en cierta ocasión el taita Marco Vásquez, un chamán que vive en uno de los valles aledaños a Quito, "tiene el poder de reunir una familia, porque tú enciendes un fuego , y enseguida el fuego convoca a tus amigos". Acampábamos en aquella ocasión en un cerro cercano a una de las ciudades del sur del Ecuador más de cien hombres y mujeres venidos de todo el continente para volver a recordar uno de los rituales más bellos y conmovedores de nuestras tierras de América: una danza del sol lakota. Había un fuego encendido en el círculo de ceremonias del campamento y a alguien se le ocurrió difundir el rumor de que no era conveniente prender ningún otro fuego adicional. Pero por la noche, un par de traviesos niños, ignorantes de las formalidades rituales, encendieron un fuego para calentarse a un costado del campamento.
Una hora más tarde, había alrededor de ese fuego infantil más de dos docenas de hombres y mujeres, muchos de ellos entablando amistad por primera vez, calentándose un café en la hoguera, compartiendo sus historias y sus bromas. Mientras esta "familia" se había reunido espontánea y mágicamente alrededor de este fuego de los niños, en el fuego central del círculo ceremonial, un hombre solitario nos observaba desde lo lejos: era el hombre que quería un solo fuego en el campamento.
Es interesante anotar que los 4 elementos, están presentes (bajo distintas apariencias) en muchas tradiciones, que aún cuando no son específicamente originarias de nuestro continente, se han asentado por vía de las corrientes migratorias. Este es, por ejemplo, el caso de los santeros cubanos, herederos de las tradiciones negras venidas con los esclavos africanos, algunas de cuyas deidades contienen, en sus poderes, los de los 4 elementos que venimos mencionando. Así, en el panteón de los dioses de la negritud, tenemos por ejemplo a Oggún, dios del hierro y la tierra, una de cuyas virtudes es la creatividad; están también Obatalá (dios del aire) y Yemayá (dios del mar), y finalmente el poderoso Changó, dios del trueno y el rayo, que simboliza la verdad, la claridad y la justicia, principios todos relacionados en múltiples culturas con el Sol.
LA INTERRELACION ESPIRITUAL DE TODOS LOS SERES Y ELEMENTOS
Quita uno solo de esos 4 elementos y la vida misma del ser humano deja de ser posible. Ahí tienes una razón sencilla por la que es importante guardar el inmenso respeto que guardamos para con estos 4 abuelos: ellos son los dadores de la vida, la vida proviene de ellos y nosotros simplemente - como nuestros viejos - hemos aprendido a agradecer constantemente ese regalo".
Son cuatro elementos, y el cuatro, como advierte Germán Rodríguez, representa la constitución material de nuestro universo, pues la materia (mater = madre) está formada por 4 elementos.
Tenemos en primer lugar a la Tierra, que es lo que confiere solidez, lo que da estabilidad, endurece y aísla, tanto en la dimensión de lo físico, lo psíquico y también en lo espiritual. A semejanza de la Tierra, las madres (humanas y animales) poseen la capacidad de convertir su propio cuerpo en alimento para sus hijos. En la tierra yacen los huesos y la carne de nuestros antepasados, y como estamos hechos de Tierra, nuestros antepasados viven también en nosotros. "En el vientre paciente y fructífero de nuestra Madre, la Tierra, se esconden los embriones de plantas y hombres", dice Ohiyesa. Y la tierra es, además, legítima dadora de conocimiento, pues - como todos los demás elementos - "ha estado aquí mucho antes del aparecimiento del alma humana, y como es más vieja, posee una experiencia mucho mayor que la del hombre".
En segundo lugar está el Agua, que tiene el poder de unir, amalgamar y también el de disolver. Que enseña fluidez y también adaptabilidad, es decir, la capacidad plástica de tomar cualquier forma . El Agua que nos enseña a ser transparentes, que es símbolo de vida y generación, que limpia y purifica. Todavía hoy en día, muchas ceremonias indígenas en nuestro continente, empiezan con un lavatorio ritual.Benito Vidal, en sus Historias Mágicas de los indios de Norteamérica, describe una bella tradición piel roja donde se puede apreciar la vital presencia de este elemento para estos pueblos:
"Todos los días, el indio piel roja descendía a las riberas del río que generalmente estaba muy cerca de su poblado o campamento. En él se purificaba bañándose, acto con que higienizaba tanto su cuerpo como su alma. Después, una vez cumplido este rito socio religioso, quedaba en paz, en silencio, apartado del bullicio de la tribu, en éxtasis y meditando. Normalmente acudía sólo al río. Y si le acompañaba alguno de su clan o de su propia familia, o su propia esposa, jamás debían llegar juntos a las aguas, porque cada alma debía permanecer sola en su comunión matinal con el sol y la tierra, perfumada y regenerada el alma por el gran silencio de la noche."
Está en tercer lugar el Aire, que es lo que expande, difunde y relaciona. Está presente en el aliento del hombre y del animal, ese aliento por el cual - relatan muchas de las tradiciones religiosas de la Tierra - el Creador infunde vida en sus criaturas. El Aire es, por tanto, señal inequívoca de la presencia de la vida en el hombre, y cuando la vida lo abandona, se extingue también la presencia del Aire, del aliento. Además, el Aire es el vehículo de la luz.
Y finalmente está el Fuego, lo que dinamiza, transforma y libera. "El fuego que está siempre relacionado con el concepto de purificación, energía primaria, vida, calor, civilización (en el sentido más amplio de Conocimiento Superior)".
El Fuego que es el Sol mismo y que preside desde el centro muchos de los círculos ceremoniales y rituales nocturnos de nuestros pueblos. El Fuego que, como me lo dejaba ver en cierta ocasión el taita Marco Vásquez, un chamán que vive en uno de los valles aledaños a Quito, "tiene el poder de reunir una familia, porque tú enciendes un fuego , y enseguida el fuego convoca a tus amigos". Acampábamos en aquella ocasión en un cerro cercano a una de las ciudades del sur del Ecuador más de cien hombres y mujeres venidos de todo el continente para volver a recordar uno de los rituales más bellos y conmovedores de nuestras tierras de América: una danza del sol lakota. Había un fuego encendido en el círculo de ceremonias del campamento y a alguien se le ocurrió difundir el rumor de que no era conveniente prender ningún otro fuego adicional. Pero por la noche, un par de traviesos niños, ignorantes de las formalidades rituales, encendieron un fuego para calentarse a un costado del campamento.
Una hora más tarde, había alrededor de ese fuego infantil más de dos docenas de hombres y mujeres, muchos de ellos entablando amistad por primera vez, calentándose un café en la hoguera, compartiendo sus historias y sus bromas. Mientras esta "familia" se había reunido espontánea y mágicamente alrededor de este fuego de los niños, en el fuego central del círculo ceremonial, un hombre solitario nos observaba desde lo lejos: era el hombre que quería un solo fuego en el campamento.
Es interesante anotar que los 4 elementos, están presentes (bajo distintas apariencias) en muchas tradiciones, que aún cuando no son específicamente originarias de nuestro continente, se han asentado por vía de las corrientes migratorias. Este es, por ejemplo, el caso de los santeros cubanos, herederos de las tradiciones negras venidas con los esclavos africanos, algunas de cuyas deidades contienen, en sus poderes, los de los 4 elementos que venimos mencionando. Así, en el panteón de los dioses de la negritud, tenemos por ejemplo a Oggún, dios del hierro y la tierra, una de cuyas virtudes es la creatividad; están también Obatalá (dios del aire) y Yemayá (dios del mar), y finalmente el poderoso Changó, dios del trueno y el rayo, que simboliza la verdad, la claridad y la justicia, principios todos relacionados en múltiples culturas con el Sol.
LA INTERRELACION ESPIRITUAL DE TODOS LOS SERES Y ELEMENTOS
2 comentarios:
Dicen que no hay mayor sabiduria que la innata, y tú eres mujer sabia aún sin saberlo. Tienes los ojos claros, porque tienes el alma y el corazón limpios. Eres chamana de cuerpo y alma, una mujer de poder Anui. Te fué otorgada sabiduria de vida, como vivir, como crecer, desarrollar potencial, desarrollar filosofia de vida para estar alegre y fuerte, para entendernos y construir. Constructora de vida y de vidas. Me regalaste mucho desde esa sabiduria, que como tú dices, no sabes de dondé te surge, pero esta ahí, serena y tierna, sútil y con firmeza, fuerte y despierta. Te escribo este cuento de mi hacia ti:
LA PIEDRA DE LA MUJER SABIA
Una mujer sabia viajaba por las montañas encontró una piedra preciosa en el arroyo. Al día siguiente se cruzó con otro viajero que estaba hambriento, y la mujer abrió su bolsa para compartir con él su comida.
El viajero hambriento vió la piedra preciosa en la bolsa, se quedó admirado de su belleza y le pidió que se la regalara, la mujer lo hizo sin vacilar.
El viajero partió, alegrándose de su buena suerte. Sabía que la joya valía lo suficiente como para darle seguridad por el resto de sus días.
Pero a los pocos días regresó en busca de la mujer sabia.
Cuando la encontró, le devolvió la piedra y le dijo:
He estado pensando. Sé cuán valiosa es esta piedra, pero se la devuelvo con la esperanza de que pueda obsequiarme algo mucho más precioso.
Si puede, deme lo que hay en su interior, lo que le permitió regalarme la piedra.
The Best of Bits E Pieces
Gracias;
Marcos
Síii, vale vale vale…
… Tierra agua fuego y aire y tal y tal...
Juaaa…
Pero si midiéramos todas estas cosas…
Aun no tendríamos nada…
Si no te tuviésemos a ti!
Oriol …abrazando un cachito de ti :P
eps!! y si, también creo que deberías usar una letra un poc más grande… jejeje
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